miércoles 1 de julio de 2009

Protector de recuerdos

Fotografía: Pícaro de FRANCISCO PEREIRA. panchoper@gmail.com

Francisco Javier amaneció con la garganta roja, le dolía al tragar, estornudaba de forma consecutiva y tenía una tos que comenzaba a ser ronca; preocupada me lo dijo su mamá por teléfono, porque cuando un hijo se enferma se nos asola el corazón. Me vi de niño y recordé a papá decir ―con el mar se va la gripe―. Busqué a Francisco y al día siguiente nos fuimos para la playa, salimos muy temprano, a las ocho de la mañana ya estábamos con las toallas bajo el paraguas y con dos sillas tumbonas frente al mar.

Norma número uno cuando se va con un hijo a la playa; untarlo de protector solar hasta por la planta de los pies. Apreté el envase plástico, la crema blanca, espesa, corrió por su espalda, mis manos la esparcieron por su torso, con delicadeza en las mejillas y en la punta de la nariz. Una vez untado su cuerpo, la carrera al mar y un grito de alegría no se hizo esperar, y de un impulso se zambulló.

El día transcurre, las risas de Francisco y su voz potente compiten con el sonido rítmico de las olas que una tras otra, entre silencios, me llenaron los espacios de recuerdos. Percibí el olor a salitre que me transportó a la carretera costanera vía a Camurí Grande. Los colores brillantes de los salvavidas y pelotas plásticas guindando en los cordeles a la entrada del pueblo de Naiguatá. El flotador de anime que parecía una bombona de oxigeno en la espalda y me convertía en Mike Nelson el “Investigador Submarino” en las piscinas del Club. Por instantes paladeé la textura arterciopelada de las uvas de playa, con ese sabor extraño, entre dulce y salobre; fueron muchas las uvas que recogí, como papá me enseñó; en un cono hecho con las hojas redondas y carnosas del mismo árbol.

―Señor, desea algo para tomar ―dijo un moreno alto, rasgando sin el menor desparpajo mis recuerdos.

Miré a sus ojos y su breve sonrisa, para luego decirle:

―Una cerveza y una Coca Cola, por favor.

El sol revienta en las crestas de las olas y Francisco las lucha, las domina, las remonta sin dejar una. Perfiladas se acercan a la costa y entre onda y onda el cuerpo de Francisco se desdibuja en el agua verdosa. Corrió una ola, al llegar a la orilla me miró, y pulgar arriba aprobó su hazaña. Lento vino hacia mí y me dijo:

―Papi, más protector.

Se lo apliqué en la espalda, recordé las manos rudas de mi papá estrujando mi rostro, olí el Coppertone.

― ¿Cómo te sientes?

Volvió a mostrarme su pulgar apuntando al cielo, tomo un sorbo de refresco y con el ímpetu inocente de los ocho años, a la carrera de nuevo irrumpió en el mar.

Los faralaos de la sombrilla se baten al viento. Mis pies hurgan la arena fría bajo la sombra, remuevo millares de diminutas rocas. ¿Cuántas huellas han transitado sobre esta arena? ¿Cuántos secretos dormidos? Arena cómplice de amantes, de risas, sepulcro de inocentes, ruinas de logros. Arena tallada en castillos de fantasía con fosos atestados de cocodrilos, cavernas de monstruos marinos y túneles que seguían la ruta de Arne Saknussemm. Trocitos del universo que alguna vez se incrustaron en mis ojos, entre angustia y llanto.

― ¡Papi, vamos a jugar en la arena! pero ponme protector―me dijo con sus ojos pícaros.

No hacía falta más protector, la luz no insolaba. La tarde doblegaba los rayos del sol. Me acuclillé en la orilla de la playa, él y yo fuimos uno. Reconstruimos el castillo ahora de su infancia, con gruesas murallas y almenas, cuatro atalayas, un patio de armas y el gran foso. A sus alrededores un bosque de pinos que hicimos empuñando arena liquida dejando deslizarla poco a poco entre los dedos. Nos vimos, nos reflejamos, nos revolcamos en la arena, fuimos parte de ella.

Las horas pasaron, el mar lavó el castillo, la arena se enfrió, la oscuridad del firmamento extendió sus brazos sobre el mar y con la noche regresamos exhaustos a la ciudad.

A los dos días llamé a Francisco Javier por teléfono.

―Hola hijo, ¿cómo estás, como te sientes?

―Me siento bien papi ya no tengo gripe, pero ahora se me están pelando los cachetes.

sábado 20 de junio de 2009

Fragancia perpetua

Fotografía: Las Flores de Julián de FANCISCO PEREIRA. panchoper@gmail.com


¡Donde hay flores hay vida! así decía Julián. Él disfrutaba de sus aromas y colores. Todos los viernes llevaba espigadas gladiolas y nardos a la casa, las ponía en el florero, en la mesa de centro para decorar el salón.

Miguelina, su mujer, le gritaba.

―¡Julián por Dios, hasta cuándo traes esas flores que huelen a muerto!

Desde hace tres años, Julián, los fines de semana, después que se marchan las visitas, sale en el frío silencio de la noche a buscar sus flores; de una en una las roba a sus vecinos y, entre crisantemos, caléndulas y el verdor de la grama las disfruta en paz.

domingo 14 de junio de 2009

Transgresor de sueños

Fotografía: ¿Y tú, porqué le aguantas? FERRAN http://www.flickr.com/photos/ferran-jorda/983372791/in/set-72157601391270125/


Mariela estuvo a punto de morir. Los golpes inclementes de Camilo, su compañero, habían embestido con fiereza su cuerpo frágil.

Siete años fue la sentencia, Camilo cumplió su condena y Mariela rehizo su vida.

Anoche, en el barrio, vieron a Camilo rondar el rancho de Mariela.

En la madrugada, a luz de farol y linterna, entre los restos humeantes, calcinados, la encontraron.

Murió abrasada, abrazada a su amante.

domingo 7 de junio de 2009

Estertor

Fotografía: Escalera de FRANCISCO PEREIRA. panchoper@gmail.com


Huye en búsqueda de la luz, acelera el paso. El pulso golpea el pecho y redobla en las sienes. Cientos de abejas zumban en sus oídos. Inclina el torso y sus manos se apoyaron en las rodillas, el peso descansa en sus brazos. Se atreve a mirar hacia atrás, de soslayo, sabía que era la presa de su carcelero sin rostro.

Corre por un mundo ignoto. Las hojas vencidas crujen a su paso. Se detiene jadeante y mira el río que marca la frontera. Sincopado sigue el viaje inalterable por su cauce, sosegado e indetenible en un recorrido de ley, sin retorno. Los troncos de los árboles robustos hunden sus raíces y se asen al fondo lodoso de la ribera conectando la tierra con lo infinito. En la bruma espesa, onírica, en medio de la selva plateada, sus ojos se asomaron en su rostro. Entre los bejucos ve un túnel, una escalinata, un destino desconocido.

Piensa en quedar atrapado a merced de su carcelero o subir los peldaños y perecer en la luz para retornar.

Era hora de decidir.

domingo 31 de mayo de 2009

El ausente


Fotografía: '¡Cumpleaños Feliz! MELODIA
En el centro de la mesa las velas coronan el pastel.
Sus luces rehílan en los rostros de quienes las rodean.
El aliento profundo en un soplido las sacude; tiemblan, se rinden, y al salón lo invade la penumbra.

Vítores, aplausos…

Fue cuando me di cuenta que yo no estaba alli.

domingo 17 de mayo de 2009

Pálido

Fotografía: BOMBILLO. José Daniel. http://www.flickr.com/photos/josedaniel/2676540785/


Las barras del pensamiento hurtan su libertad. Acostado, sin parpadear mira fijo el bombillo. Sus pupilas lanzan frases grises que revolotean en el filamento incandescente. Las palabras en su mente le queman y sus sombras como eco permanecen.

Se montó en el taburete. Los dedos sudorosos dando saltos giraron el bombillo.

No hay más luz, todo es sombra. Pensó.

Se escuchó un grito.

Ahora es la oscuridad quien lo ataca.

martes 28 de abril de 2009

EÑE

Fotografía: Mirors. CheeseNuggetz / Jennifer http://www.flickr.com/photos/34361854@N02/3203146268/


Nina se vio al espejo.
En sus bucles algo le faltaba.
Buscó en las gavetas de su tocador, tomó un gran lazo y se lo puso en la cabeza.
Su reflejo le sonrió y le dijo; Nina ahora si eres una niña.

miércoles 15 de abril de 2009

Niño eterno

Fotografía: City2Surf Superman . DAMIAN 78. http://www.flickr.com/photos/damian78/224932258/

Nubes dibujan elefantes de algodón de azúcar. Globos, cometas de colores tiñen las velas de los barcos que navegan el celeste infinito

Brazos acerados extendidos tajan el viento y carreras en ocho impulsan, lo elevan

Gotas de sudor deshilachan la frente. Toma altura, vivaz juguetea con los turpiales y en descenso vertiginoso roza la arboleda

Los niños vuelan


Amores ásperos, desiguales

Luces de neón tiñen el humo exhalado, aliento de sexo vil, traiciones enarboladas

Hipócrita sociedad a doscientos kilómetros por hora

Ciudad roída, valores perdidos en verde, sirenas que hincan los oídos

Tuétano de política barata en huesos de apatía

Rabia, impotencia, angustia, esperanza paralítica, rutina melancólica

Carnaval de máscaras

Comedia, tragedia

Día, día, otro día


Galería oculta de la memoria

Cierro los ojos, corro, venzo la gravedad y la capa vuelve a tremolar

martes 31 de marzo de 2009

Indiferencia suicida

Fotografía: Top Hat. Walter Sickert http://www.flickr.com/photos/armyoftoys/2283736409/


Gogüi tenía un sombrero de copa muy especial. Así lo demostró una tarde en una fiesta infantil.
Mostró a los chicos las palmas de sus manos enguantadas de blanco, las metió en la chistera, hurgó en ella y un ramillete de flores sacó. Se las ofreció a Mili, una niña del público que estaba sentada en primera fila; ella ni se inmutó.

Giró y giró las manos en remolino, introdujo su izquierda en el sombrero y, luego de hacer tensión, sacó una docena de pañuelos de colores.

Los niños aplaudieron. Mili bebió un sorbo de su refresco y no sonrió.

Un mohín de extrañeza reflejó el rostro de Gogüi.

Miró dentro del sombrero y con cara de asombro poco a poco sacó una sombrilla bordada de luces titilantes.

Mili indiferente entornó la mirada a Gogüi, tomó sus medias y las subió hasta sus rodillas.

Esta vez, puso sus manos sobre la boca del sombrero, las hizo oscilar; un conejo más asustado que juguetón, cayó en el regazo de la niña, quien con desagrado lo rechazó.

Gogüi tomó el sombrero por el ala, lo mostró al público dándole vueltas, lo colocó sobre la mesita, se concentró. Las gotas de sudor corrían por su frente. Con ojos exaltados miró por largos segundos el insondable fondo, con la varita mágica dio tres rondas por su contorno seguido de tres golpes, echó escarchados polvos mágicos y su aliento le sopló.

Un gran tigre de pelo blanco rugiendo saltó y a la niña de un bocado se la comió.

lunes 23 de marzo de 2009

Giro


Fotografía: Butterfly in the Rain Preview. Christian Obmerga. http://www.flickr.com/photos/christian_obmerga/1098704224/


Serpenteantes cortinas de agua estallan en el ventanal. El viento gime en la estrechez de los balcones. La tetera no deja de silbar. El sofá forrado con el cuero de mis pensamientos me atrapa y el televisor ya no tiene nada que contarme. Sobre el escritorio añoso los libros se hacinan, sus palabras me atropellan y las imágenes me ahogan. El reloj yace destrozado en la papelera. El calendario está lleno de equis, dejó de anunciar nuevos días y, el bombillo del baño hace semanas que se quemó. Las paredes perdieron su color; ¿verde, azul o gris? qué más da.

Mis pies descalzos, impacientes bajan la escalera, me llevan a la avenida a desandar el camino. La lluvia contunde en el rostro y desdibuja las figuras proyectadas por las luces de los carros. En las oquedades de la noche, una silueta; húmeda, estática, bañada por halos de luz que conforman cuentas de agua que brillan a su alrededor. Me acerco. Hinco mis ojos en la oscuridad de su rostro e imagino los iris de caramelo arrancándole pétalos a la vida. En mi ansiedad, figuro su sonrisa de mar y la espuma que lame la playa de mis deseos. El cabello lacio, empapado de poesía destila mariposas. Aprecio su contorno sinuoso que vibraba notas musicales a un coro de voces. Alcé mi mano hacia ella, esperé…, el tiempo no tiene valores. La suave textura de sus pulpejos atrapó mis dedos. Sentí su calor.

Nos asimos con fuerza. Las luces de neón y los faroles de la avenida nos custodian. Al andar, en la calle hollamos los espejos empozados, salpicando de colores la vasta oscuridad.

martes 17 de febrero de 2009

Encuentro

Fotografía: www.flickr.com

a la Condesa de Barcelona

El barco recaló en el puerto de La Guaira, en el había cruzado el agitado océano de los miedos. Desembarcó y posó sus pies sobre el horizonte. En cubierta quedaron mil oficios, nombres, ciudades, ausencias. Una mirada fría se posó en su nuca. Era momento para detenerse, comer flores de las coronas de los muertos y hacerle frente a las tinieblas. Tomó su mochila llena de angustia e incertidumbres, el peso cargó su espalda y, se hizo por los infinitos caminos en búsqueda de serenidad y respuestas, siguiendo el hilo de sus sueños en un mundo con ojos de espejo.

martes 10 de febrero de 2009

El consentido

Domenico lo abrazó con fuerza, le hincó la barba en la mejilla y le dio un beso con aliento de cantina. Los brazos rollizos de Marcia lo constriñeron contra su volumen abdominal, derramaba lágrimas de alegría que se esparcían con sus besos en la cara de Guido. Había llegado a casa con una nota de buena conducta y la formalidad de acatar los preceptos de sus padres.

Subió los angostos y empinados escalones de madera. Abrió la puerta de su dormitorio y puso los libros sobre la cómoda junto al portarretrato con la foto del Nono. Lanzó la mochila sobre la cama, despejó la cortina, y un abordaje de luz invadió el cuarto. Empujó el marco de la ventana y los olores del viñedo le recordaron la cercanía de la vendimia. A su izquierda vio las repisas con sus objetos preferidos, intactos, en línea.

El aroma a pastel de mora se columpió hasta el dormitorio cuando escuchó la voz de Marcia

―Guido, hay algo especial para ti.

De un salto llegó a la cocina y con avidez se dispuso a tomar un trozo de pastel. La papada de Marcia se agitó y le recordó que era para la cena y que primero debía bañarse.

―No te olvides de cepillarte las uñas de las manos y de los pies, enjabonarte el cabello y todo el cuerpo, y no te olvides del pipí ―una letanía que todos los días repetía.

A Guido le gustaba ver el fútbol, pero Marcia era la ley con el control remoto y sólo sintonizaba el canal Cucina Facil. Además, le tenía impuesto un horario para ver la televisión de seis a ocho y luego a la cama. Para dormir tenía que ponerse el pijama, pero el de barquitos, el que Marcia había mandado hacer con Rebecca, la costurera. Todas las noches, religiosamente, Doménico sentado al borde de la cama y con voz farfullante le contaba a media luz la historia de Pinocho. Juraba que el personaje de Gepetto estaba inspirado en su tío abuelo por una visita que le hiciera Carlos Collodi.

Los domingos era costumbre acudir a misa de doce y luego rezar el rosario, eso sí, vestido de fin de semana. Doménico trajeaba a Guido de camisa blanca, corbatín, pantalón corto y tirantes, medias blancas, zapatos negros y una boina a medio calzar. Le obligaban asistir como monaguillo los oficios del Padre Pascuale, lo que aprovechaba para beberse debajo de la escalera de la sacristía el vino de consagrar.

Guido no lo pensó más, la noche de luna nueva, saltó por la ventana, atravesó a lo largo los espalderos del viñedo sin advertir donde pisaba, corrió sin descanso perseguido por un espanto que deseaba ponerle grillos en los pies. Exhausto, sus puños golpearon sin cesar la puerta de la delegación policial y a gritos exigía que le volvieran a recluir en la prisión estatal por veinte años más para recuperar su libertad.

domingo 1 de febrero de 2009

El loco feroz

FOTOGRAFIA: 80/130 ALLESANDRO VILLA http://www.flickr.com/photos/unsuono/519924031/


En cada violación Saúl dejaba pegada en el pubis de sus víctimas una imagen de Priapo. Violar mujeres mayores de cincuenta era su obsesión. Desde que sufrió disfunción eréctil, cada vez que iba a dar rienda suelta a su idea toma un coctel de Viagra, Cialis y Levitra.

Ayer la Señora Maruja Valdivieso, esposa del comisario de la Policía Criminal, iba de visita a casa de su hija enferma. Saúl la avistó, la siguió y en el carro la violó.

Al llegar, la hija le preguntó.

―¿Mamá y esa sonrisa tan grande?

A lo que respondió.

―Por verte mejor.

Desde entonces la estampita de Priapo reposa en un marco de plata en la mesa de noche de la señora Maruja, así como en casa de Lucila, Marina, Yolimar, Mildred y pare de contar.

domingo 25 de enero de 2009

Ortopedia indiscreta

Fotografía: Mediaspiernas. FRANCISCO PEREIRA. panchoper@gmail.com


Loly caminaba cinco kilómetros para llegar a la escuela. Durante una semana dejó de asistir a clases, fui a su casa a ver que le sucedía. Llamé a la puerta, ella me abrió, me asombré al verla; su abdomen se posaba en el piso, caminaba con las manos y la cabeza me llegaba a la cintura. Lloraba, me dijo que le habían robado las piernas con los zapatos de charol y las medias blancas que su mamá le había regalado. Me dio tristeza su desconsuelo.

Una tarde jugábamos al fútbol en el patio de la escuela. El gordo Moncho ya no quería estar en el equipo. Mily, la basquetbolista, hacía la siesta en el jardín durante el receso. Con sigilo, mientras dormía, separé sus piernas del torso y se las llevé a Loly. Ahora es más alta que yo, y no me agrada. Mi cabeza llega hasta su cintura. Tendré que buscar unas piernas para mí. Por cierto, el gordo Moncho no hace otra cosa que jugar a saltar la cuerda y al avión, dando brincos en un pié. Se ha vuelto maricón, ahora usa medias blancas a la pantorrilla y zapatos de charol.

jueves 8 de enero de 2009

Búsqueda

Fotografía: Tomando el sol. David Benavent. http://www.flickr.com/photos/dayangchi/472496249

Aliento duro,
.
beduina del sol,
.
ondas ámbar,
.
cuerpo de arena.

Espejismos engañan mi visión de tus pupilas.

Dunas de sombras impiden mi afán de mirar a través del vano de [tus párpados,

el oasis en tu desierto infinito.

Sed, sed, sed…

jueves 18 de diciembre de 2008

Dos a cero

Fotografìa: Casa Batlló. FRANCISCO PEREIRA G.

Hace frío, la llovizna no cesa, y las farolas a su alrededor se cubren con un velo de gotas ámbar. Callejones empedrados, angostos perfilan las perspectivas y se desvanecen en la oscuridad. En los muros reverbera el sonido de los tacones apresurados que huyen de la lluvia y otros que buscan la penumbra. Las suelas desbordan los pequeños espejos y deshacen reflejos de anuncios y piedras trabadas. En los bares, el televisor recibe miradas aguijonadas, con cubatas y cervezas comulgan los fieles de esa religión. El Camp Nou a tope, las gradas cubiertas con ondeantes banderas azul y grana; Barcelona recibe al Madrid.

A media luz, entre el humo de los porros y el ron, la mirada mediterránea de sus ojos almendrados ―más grandes aún por el delineador negro que bordea sus párpados― me cautivó el día que la conocí en el bar. Una vez más fantaseaba ansioso de besar sus labios, acariciar su piel blanca, perderme en la lujuria de sus caderas y en las ondulaciones de sus senos. En esta oportunidad, un día después de mi llegada, acordamos vernos en el Paseo de Gracia, frente a la casa Batlló. Salí del laberinto del metro, lloviznaba y no traía el paraguas. El frío helaba mis manos; la izquierda la metí en el bolsillo de la chaqueta, la derecha tomaba el asa de la caja de cartón en la que llevaba el encargo; las piezas de cerámica que me había entregado su amiga en Caracas. Caminé hasta el frente de la casa. Mientras la esperaba, coloqué mi mano como visera para evitar que se mojaran los lentes y admiré las proporciones de la fachada, las delgadas estructuras de formas vegetales, huesudas. La policromía de las baldosas vitrificadas y el singular techo que simula el dorso de un dragón; ese, con el que tantas batallas se libran día a día. Detallé los balcones de piedra blanca, sus formas de antifaz guardan un secreto, un pensamiento, una verdad. Cuando sucumbía en un mar de emociones estéticas, tocó mi hombro.

Estábamos juntos de nuevo, deseaba ser su cómplice de acción y de razón. Un abrazo, un beso en cada mejilla, palabras alegres de bienvenida, por unos instantes imaginé un vapor exhalado de su boca en mi rostro y sus labios hurgando en los míos.

―¿Tienes hambre? ¿Qué te provoca?

―Tú― respondí.

―¡Se te ha ido la olla, vamos! ―la respuesta que me esperada.

―¿Podría ser una Pizza? ―Preguntó.

―Vale, una pizza.

Con un dialogo banal caminé a su derecha sobre el piso húmedo, a paso acelerado, la llovizna persistente mojaba mis cabellos, el vapor del aliento empañaba los lentes y las gotas de agua en ellos distorsionaban las imágenes. Pasamos frente a bares, tiendas, el museo Picasso, rodeamos el muro de la Catedral; me guiaba entre las callejuelas húmedas, oscuras, adentrándome en su mundo de aleros, escaleras, barras, humo, candilejas.

La pizzería estaba llena de gente, miraban el juego, esperamos unos minutos, y de inmediato, luego de una señal, una joven de rasgos y acento filipino nos adjudicó mesa para dos. La caja a mi derecha, sobre el asiento de cuero en una de las sillas.

Vistas las opciones en la carta, pedimos las pizzas, ella; chorizo picante, yo; queso de cabra y berenjena. La mesa de madera oscura contrastaba con los pequeños manteles rojos. Los vasos húmedos llenos de cerveza marcaron impenetrables circunferencias, círculos cerrados.

―A tu salud ―dije mirándola a sus ojos.

―Salud ―respondió con un mohín en sus labios.

Las horas pasaron inadvertidas al igual que la conversación; no recordaba los temas ni el sentido de las palabras que decía, ni las que escuchaba, sólo viajaba en el mar de sus ojos, guiado por la melodía de su voz en cada palabra.

―¿Me entregas la caja?

Caí en cuenta que no había platos, la cuenta estaba pagada y los cortados ya bebidos. Había llegado el momento del verdadero sentido de nuestra cena.

Tomé la caja, lento la alcé y la coloqué sobre la mesa. Una vez retirada mi mano, la aprehendió con seguridad.

―¿Quieres verificar que las piezas estén bien? ―le pregunté.

―No, ya habrá quien lo haga, lo importante y el verdadero valor está dentro de ellas.

―¿Dentro de ellas?― con extrañeza lo pregunté dos veces ―¿Y eso, porqué lo dices? sólo son piezas de cerámica.

―Nen, no creas todo lo que ves, ni todo lo que te digan. Vamos.

Desconcertado, empuje con mi cuerpo la silla hacia atrás, me puse la bufanda gris, el suéter y la chaqueta negra. El cuello se adentró en la solapa. Salimos al callejón. Me dio un beso en cada mejilla y unas palmaditas en la cara. Me dijo:

―Gracias por tu compañía, y más por el favor, vuelve al hotel, mañana te llamaré.

La llovizna persistía, me fui, empuñaba mi deseo dentro de los bolsillos. La vida te lleva por los más diversos caminos, pensé, y por unos instantes me detuve de nuevo frente a la casa Batlló, y al contemplar una vez más sus balcones, me di cuenta que sus ojos fueron mi propia mentira.

Por el Paseo de Gracia un grupo de jóvenes alegres, exultantes, marchaban con banderas y trompetas, desvanecieron mi pensamiento; Barsa 2, Madrid 0.

miércoles 3 de diciembre de 2008

¡Ni Hao!

Fotogrtafía: Presente y futuro (Sahnghai) Francisco Pereira. panchoper@gmail.com


En esta oportunidad podrás leer este post en el Blog de
LOS HERMANOS CHANG

Te invito hacer click en:

http://hermanoschang.blogspot.com/2008/11/ni-hao.html
.

sábado 29 de noviembre de 2008

Tribulación

FOTOGRAFÏA: Anthurium C.SIGMA http://www.flickr.com/photos/piccola_cri/2652744332/

El canto de tu piel embriaga mi juicio.

La razón traspasó el umbral,

y en la vesania, mis labios rozan las colinas.


........Palpo la luz.


Fuego en mis venas, laso mi poder.

¡Oh Medusa! petrifica mi desgracia para avivar el anhelo

y conducirla por segundos,

a la suspensión de su ser.

lunes 17 de noviembre de 2008

Sueño ejecutado

Fotografía: Sueño, Deseo o Pesadilla /4. MMISTICOO. http://www.flickr.com/photos/_mistico_/382830253/


Recordó la oración que decía cuando niño cada vez que iba a dormir; ángel de mi guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día, porque si no, yo me perdería. Deseó colocar su cuerpo como lo hacía en el útero de su madre, y darle la espalda a la pared roñosa que había marcado sus días. Las piernas rozaron el frío de la cama, la almohada se enraizó en el cabello bruno, lacio.

―Por favor ¿pueden apagar la luz?

Ojos vacíos y fríos velan su sueño, palpan sus brazos, hincan su vena. La noche se ciñe a su cuerpo. Los párpados ahogan su mirada. Desvencijado cede, lento se distiende. Un ligero sobresalto, se estremece, la pierna se contrae, el sueño se restablece; oscuro, profundo. Huye el consiente en el río que baña las orillas del tiempo, ahora infinito.

Con los brazos abiertos corre hacia el mar, las olas golpean el pecho y se abraza con sus hijos; rostros ásperos, secos, ríen a carcajadas, y una voz sutil lo llama, la mano acaricia su nuca y peina la melena viéndose entre sábanas floreadas, amordazado por los pechos turgentes de su amante; en ese instante, cuando las piernas se asen a su cadera, resbalan; el vacío irrumpe en el vientre al desplomarse por un abismo sin fin, acompañado de cuerpos desmembrados de mujeres violáceas que con sus bocas azules y dedos afilados, desgarran la piel de sus manos y envainan en su corazón.

Exhaló profundo.

Tres y quince de la madrugada, la sentencia se ha cumplido.

sábado 8 de noviembre de 2008

Epitaphĭus

Fotografía: Whats the buzz ? AUSSIEGALL. http://www.flickr.com/photos/aussiegall/1364664037/

Tarde comprendió que el hilo de palabras ofrecidas por Ariadna era el camino para encontrarse. Sin tiempo para abjurar, perdido en su laberinto, con gotas rojas de pesar diluidas en lágrimas, escribió:

Aquí sólo yace el envase. El contenido; mi alma, se encuentra en la policromía del amanecer. En el frágil rocío, el trinar de los Cristofué y el jolgorio disonante de las Guacharacas. En el viento céfiro que mima los jazmines y se impregna de fragancia. En cada abeja que hurga los estambres. En el vaivén de las olas del mar y sus níveos encajes que liba la arena. En los acordes y arpegios de un piano, una guitarra, un violín. En el sabor del mango y el amarillo enfurecido del araguaney. En la sonrisa cándida de un niño. En los aromas del café recién colado, del tabaco en una pipa, de las volutas del incienso. En la soledad de un camino. En la oscuridad infinita de la luna nueva. En la penumbra que rila a luz de velas. En las riveras dóciles del Capanaparo. Allí estoy.